Ahora
mismo, en este preciso instante, miles de azafatas sobrevuelan nuestras
cabezas asistiendo a los millones de viajeros que se mueven alrededor
del mundo. Hoy hace 83 años, una chica con ganas de soñar consiguió
convertirse en la primera azafata de la historia o chica del aire, como
entonces se conocían.
Cuando
en 1926 despegaba el primer avión comercial de la historia, la
tripulación se reducía al piloto y al copiloto. Y a pesar de que se
planteó la posibilidad de incorporar un ayudante que pudiera atender a
los pasajeros, en ningún momento se pensó en mujeres. Los cambios
hormonales de las féminas imposibilitaban cualquier tarea en el aire.
Ese era el argumento.





